domingo, 13 de abril de 2014

Ánima en el sujeto

                                                                                                                              a Antonia María Torres


El proceso de creación de esta imagen, desde el origen (embrión) hasta la metamorfosis, dió por sentado los rasgos del proceso alquímico del “huevo filosófico, lugar de las transmutaciones”. Mejor de lo que yo pudiera expresar, las fases de este proceso fueron el resultado de una comunión del  inconsciente llevada al consciente.

Amenazada por las vicisitudes del momento, la imagen adquirió cambios de humor y  de expresión haciendo un constante llamado a la imaginación. Esta habilidad de la mente de ponernos en armonía con la naturaleza a través de la imagen, como entes creativos incapaces a veces de expresar  verbalmente nuestros sentimientos, involucró el interés personal en el proceso.

Registrar en el consciente las impresiones que un objeto nos hace sentir es la manera de expresar los sentimientos propios de la imagen. La separación entre lo que ve el ojo, a diferencia de la cámara, es infalible. La presencia de la huella “es una señal de la indiferencia de la cámara, de su incapacidad para discriminar entre sujeto y lo que rodea ese sujeto” según Laura Mulvey.  El ojo insensible de la cámara no verá la intención que se le trata de infundir a la imagen.

No se trata de retratar el objeto mismo, (las cualidades externas), sino la idea de retratar el objeto con la consciencia de ver. El objeto retratado no sería el objeto, sino la impresión hecha por este sobre uno mismo. La impresión que siento ante la presencia del objeto y cómo la transmito matizado por la forma de ver.

Consciente de la impresión hecha por la mente para retratar el objeto, usando el objeto no como un fin en sí mismo, omitiendo algunos detalles o resaltando otros que son importantes al propósito de la imagen, me valí de la imaginación.

De esta manera, la búsqueda de la imagen para esta asignación, fue el resultado de la asociación de mi experiencia con el objeto.

Del vacío dejado por una amiga que acaba de partir, la fecundidad de esta imagen que me conmueve y  la densidad de la emoción encontrada en la imagen, es el resultado de un proceso obtenido de lo sagrado que hay en cada uno de nosotros.

La fuente de inspiración de la naturaleza de la imagen fue capaz de darme una interpretación manifiesta en el consciente a partir de la naturaleza misma del objeto. El verdadero sentir llevado a nuestra expresión, como lo hay en la poesía o en la música, extrae del inconsciente el verdadero misterio de la metamorfosis. Como si la naturaleza  de la imagen nos invitara a la contemplación de la muerte. El efecto de luz menguante sobre el objeto penetrando en la memoria, la negra masa vertical del sarcófago no es el oscurecer sino más bien la transformación.

De esta manera, la naturaleza transformadora de la imagen evoca el recuerdo de las experiencias individuales de cada proceso personal en el útero del tiempo.


                      

No hay comentarios.:

Publicar un comentario